Sí, eso sentía entonces. Por la tarde, mientras visitábamos la Reserva Nacional, nuestro guía nos había comentado que la zona, después del desierto de Atacama, era la más árida del mundo. También nos recordó que entre agosto y octubre acometen los famosos vientos Paracas, que, como una nube de langostas, depreda la actividad turística y convierte a los hombres en beduinos. "Peor que una plaga", argumentaba, cogiéndose de una baranda para no caer por los movimientos de la sprinter. "La arena se mete en las habitaciones de los hoteles igualito que se metía en las pirámides, como en esa película de la momia". Decía, además, que por esa razón los hoteles de lujo suelen colocar almohadillas debajo de las puertas de las habitaciones, pues, aunque en estos meses los vientos suelen ser violentos, "en verdad siempre están silbando todo el año". El guía explicó que por la noche la presión del viento sobre las olas genera una especie de música que arrulla a los incautos y los hace olvidarse del tiempo, como si se tratara de una canción de cuna compuesta para distraídos. "Suena como la llorona, decía, mientras nos aleccionaba sobre la formación de las dunas, "y se oye mejor si uno la escucha solo".
A las once y treinta de la noche, me convencí que la llorona era, más que una parodia, una sutil mención al prolegómeno formal de una desgracia. Esa misma noche, durante la cena, el gerente de un hotel prestigioso, un filipino que lleva 12 años en la zona, nos relató la odisea que sufrió cuando el terremoto del 2007 destruyó parte del hotel que administraba. "El movimiento fue tan fuerte que partió la piscina", relataba en perfecto castellano. "Nosotros sacamos a los huéspedes y los llevamos a la duna más próxima y ahí nos reunimos a esperar que pasara el tsunami. Esa noche nadie durmió. Nadie podía creer que estaba tan cerca la muerte". Dijo además que vio claramente cómo el mar se retiró y que oyó el silbido malévolo del viento, un canto de sirenas mitológicas que volvió locos tanto a hombres como a olas. "Una noche cualquiera, decía, fue en una noche cualquiera. En una de las negras noches de Paracas".
Como es obvio, recordar esto me hizo pensar qué haría en una situación así.
Definitivamente correría hacia la zona de evacuación, que se encuentra al inicio de la Reserva (justo a la salida del hotel donde me hospedé), y desde ahí oiría el crujir de las estructuras al ser devoradas por las bocas que se abrirían repentinamente en la tierra, mientras el mar ahogaría todo y lo transformaría en futuro sedimento... Mientras tanto, la llorona entonaría un réquiem último con tanta expresividad como lo estaba haciendo esa noche, mientras me preguntaba, con cierto resquemor, si acaso mi imaginación podía tener la potestad de proyectar mis miedos más profundos y volcarlos a la realidad... De tanto pensarlo o de tanto recrear desgracias, empecé a sentir una ligera sensación de tensión que fue mutando en pesadez y en un escozor de párpados, hasta derivar en sueño.
Desperté a medianoche y me di cuenta que había tenido uno de esos raros sueños de los que alguna vez oí hablar a García Márquez: esos en los que uno despierta una y otra vez y el sueño nunca termina. La playa estaba iluminada por ondulaciones de luz provenientes de faros, luces de casas y hoteles, pero también de estrellas, opacas y titilantes como el reflejo de una moneda nueva al caer sobre la pista. El viento corría suave entre mis vellos y, aunque se oía a la llorona, su canto era una invitación a la travesura, no a la desgracia. No tan lejos, las risas de mis amigos y el olor a Pisco me indicaban que el momento mandaba vivir y no pensar, y también me dio a entender que no hay nada más real en esta vida que los miedos y los prejuicios. "Maldito sueño", me dije mientras me dirigía a la piscina,donde me esperaban los encantos seductores de la hora. "Total, si algo me ha de pasar, mejor que me pase ebrio."
A la mañana siguiente, Paracas me reavivó de la resaca con una nueva lamida de sol...

Muy buena historia Diego, aunque pienso yo que la llorona se salvó de tí jajaja
ResponderBorrarFelicitaciones por el blog y que sigan los éxitos amigo.
gracias gran Jimmy! me alegra mucho que te haya gustado! cuídate amigo y éxitos también!
BorrarMigüi, me gusto el relato hasta antes de la parte cuando la piscina se abrió en dos!... ciertamente en el mar la vida es más sabrosa pero prefiero el agua calma como en la vida misma sería el "alma calma"... muy bueno el relato!
ResponderBorrargracias amiguita!
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